Sobre la Organización Ciudadana
La forma, las
características y el contenido de la organización que debe darse la ciudadanía
como sujeto preferencial de derechos democráticos debe ser globalizada, en
todos sus aspectos; tanto en sus contenidos como en sus objetivos.
En las
diversas aportaciones que se plantean en las páginas de opinión acerca de cómo
RECONSTRUIR EL FUTURO, hay un rasgo común y es la necesidad de más democracia,
sea cual sea el nivel orgánico o institucional que se plantee. Es este anhelo,
que desborda las calles. lo que con más fuerza se demanda. No se trata de una
democracia que da el poder a los órganos de representación -que votan o deciden
según sus propios criterios o los del partido o sindicato al que pertenecen-, sino
de una democracia que da el poder a los órganos de base y sus elegidos,
revocables en todo momento, son portavoces reales de quien los eligió.
A quien atañe,
fundamentalmente, el presente déficit democrático es, en última instancia, al
ciudadano, que es quien menos poder individual de decisión tiene. Es por tanto
necesario que a la hora de “reconstruir” o de darnos nuevas formas de
convivencia, o de sacar adelante leyes, el ciudadano esté en el corazón de TODO
lo que se “reconstruya” o cree; no vaya a ser que lo que hagamos con el cambio sea
una nueva edición de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Es por esto,
por lo que, a la hora de plantearnos
nuevas formas de convivencia y de reflexión acerca del futuro, bien está
que reflexionemos sobre el papel que los instrumentos de representación y
organización ciudadana por excelencia, sindicato y partido, han venido
desempeñando a lo largo de nuestra reciente historia en España y en Europa.
La forma y los
contenidos de la organización ciudadana son fundamentales y los grandes avances históricos han tenido
que ver con la expresión de esas formas organizativas, sobre todo cuando se han
abierto periodos de lucha fuertes. Esto se ha plasmado con el nombre de Comuna,
de Soviet, de mayo del 68 y la más cercana: de manifestantes del 15M.En definitiva, organizaciones basadas en
la más pura democracia directa. Es esta forma de democracia, sin intermediarios,
una constante histórica y por ello quizás sea el momento de reconsiderar su implantación con todas sus consecuencias,
en un momento histórico en el que las posibilidades de la tecnología nos lo pueden facilitar.
Cuando, en los
años 1975/76, se planteaba el advenimiento de un régimen democrático que
desembocó en la constitución de 1978 (en la que quedó plasmado que las dos
organizaciones de encuadre ciudadano por
excelencia serían el partido político y el sindicato) hubo voces, apenas audibles, en el espectro de la entonces
izquierda política española que abogaban por otra clase de organización, que
recogiera “las nuevas corrientes asambleístas”
que, a lo largo y ancho de la geografía española, se habían formado en torno a
órganos de difusión con el nombre genérico de Asamblea . Una de estas voces fue
la de Ignacio Fernández de Castro, y otras recogidas en panfletos
periodísticos que daban voz a los diversos colectivos asambleistas, entre los
cuales estaba la publicación, a nivel
estatal, de LIBERACIÓN. Por supuesto, que este tipo de posiciones,-que entonces
abogaban por una ruptura democrática desde fuera del régimen y no por una ruptura negociada- estaban lejos de la “democracia a la europea” que
terminaría plasmándose en la Constitución.
Puede que
sindicatos y partidos, hoy, hayan cumplido su papel en el afianzamiento de una
democracia formal, que es lo que tenemos, como no podía ser de otra manera dado
el tipo de organización que se dieron y tienen: una organización que responde
al criterio de democracia representativa y no de democracia participativa y que
está dentro del contexto en el que se
crearon y permanecen. Pero, además, el déficit fundamental ha consistido en ahondar
esa separación tan falaz (a pesar de
considerarse en algunas esferas como inmutable) entre el sindicalismo y la
política, porque eso ha llevado a alimentar la creencia de que los problemas
laborales tienen que solucionarse en el ámbito exclusivamente sindical y los problemas de convivencia, de
la política en sentido amplio, han de
solucionarse dentro de la esfera de los partidos políticos.
Las
organizaciones sindicales, los sindicatos, fueron, en su nacimiento, la cristalización de organizaciones de defensa de la clase obrera frente al capitalismo, de
signo reivindicativo en esencia; que más tarde han ido evolucionando en
organizaciones más complejas y acomodándose
al sistema, por lo general siempre dentro del encuadre socioeconómico existente; aunque
hay que decir, para salvar la verdad histórica, que en nuestra historia
reciente, hubo otro sindicalismo, de planteamientos más radicales,el
Sindicalismo Revolucionario, del que hoy queda alguna representación, y que
abogaba por una revolución social partiendo de la lucha reivindicativa.
Pero a lo que
vamos es a que el encuadre sindical es un encuadre donde lo que se debate está relacionado, casi
con exclusividad con el frente económico; y que este frente hay mucho empeño en
no contaminarlo políticamente, y que su aparición en la sociedad sea claramente neutral. Delegan así, los
sindicatos, en los partidos políticos la gestión de sus propios intereses políticos.
Así se logra que las cuestiones “meramente económicas”, no tengan que ver con
los principios políticos de quien las dicta.
Las
organizaciones políticas, los partidos políticos, se crearon para la lucha
poltica.El fin es la conquista de Estado como instrumento fundamental del poder
político y palanca de cambios en el estado de las cosas. Los ciudadanos se
encuadran en los partidos políticos y a través de las candidaturas presentadas
a las diversas instituciones se configura un parlamento, cuya mayoría se hace con el control del Estado. Pero esto,
que a lo largo de los últimos lustros, con la toma del control del Estado por
los partidos socialdemócratas en Europa, debía de habernos conducido a una
sociedad más igualitaria, se ha demostrado que no es cierto, porque el pastel
de la renta nacional ha crecido, sin que el reparto se haya movido
sensiblemente hacia los menos favorecidos, y sí al revés. Lo cual indica, entre
otras cosas, que el control del Estado no lleva parejo el control económico. El
ejemplo más claro es la incapacidad de los partidos, una vez en el poder, para
incidir en el reparto de la riqueza, porque es vox populi que la crisis es, fundamentalmente, no un problema de
crecimiento, sino de reparto: Crezcamos, pero antes repartamos, más
equitativamente lo que tenemos; y esto no se puede hacer sin actuar sobre las causas
profundas de la desigualdad y la
injusticia, que son fundamentalmente de índole económico.
Es claro que
el estado actual de la realidad sociopolítica ha desbordado, por ineficaces
para gestionar “las ansias democráticas”, estos cauces oficiales de representación: partido político y sindicato;
planteando acciones unitarias en torno a objetivos comunes a todos, sin tener en cuenta su encuadre económico
o político. El marco es global, la acción es global, el objetivo es global:
La política de verdad, ha bajado del
parlamento a la calle.
Tanto las
organizaciones políticas, como las sindicales, además, son portadoras de los
corsés democráticos de la sociedad en la que se desenvuelven. Su democracia
representativa esta fuera de lugar ya. La permanencia de sus elites en el poder, lustro tras lustro, cumple a rajatabla la
ley de Wright Mills.Son organizaciones
que tienen que dar paso a otro estadio
de más transparencia, más movilidad en sus cuadros y sobre todo más
protagonismo directo de las bases. Se necesita más democracia, pero también una
nueva manera de atender la problemática general. La organización debe acoger en
su seno todo tipo de planteamiento y problemática sin distinción alguna, al
mismo tiempo que sus objetivos tienen
una trascendencia con tendencia a globalizar las cosas y no separarlas.Esto
puede ser posible si las nuevas formas de organización ciudadana son
globalizadas en sus objetivos, no distinguiendo entre partidos y sindicatos y
hacen de la democracia su estandarte fundamental.
¿Cómo podría
ser, qué características podían tener esas nuevas formas de organización
ciudadana?
Ante todo, hay
que empeñarse en que se abra este debate en la sociedad , en los más rincones
posibles. Partidos y sindicatos deberían reflexionar en sus agrupaciones o comités sobre las
nuevas formas de convivencia para el futuro y como superar las actuales, pero hay
algunas líneas que son claras, a saber:
-Superar la
clásica alternativa impuesta a la ciudadanía de la división entre sindicato y
partido; el sindicato para la reivindicación económica y el partido para la
reivindicación política. Porque esto
lleva a concebir las tareas como parciales y no como implicadas globalmente. Los ciudadanos tienen
que discutir y opinar de la totalidad de las cosas, sin distinciones. La
organización ha de ser unitaria, democrática y fuertemente solidaria.
-Que la
asamblea tanto en el trabajo como en los lugares de convivencia sea el núcleo esencial de
participación y la que tiene los mecanismos de control para hacer que sus
delegados reflejen fielmente sus opiniones y
sean revocados en el momento en que lo manifieste quien los eligió.
Es posible, hoy dia, con las nuevas
tecnologias, hacer viables planteamientos asambleístas sin ningún problema,
dentro de los límites que nos dicte el sentido común. La tecnología debe
aprovecharse para cambiar, más que
nunca, la forma de que la ciudadanía viva y participe de la política, haciendo
de esta no una realidad marginal, que es tarea de unos pocos que están al
margen de la sociedad, sino uno de los fundamentos de la vida misma en democracia.
Los procesos de toma de decisiones, en general, son posibles por vía
telemática: La democracia representativa ha de dejar paso a la democracia
participativa.
Jose Sánchez Martínez
Politólogo
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